""La panadería", de Colin Maestro
Las buenas costumbres
Al igual que mi madre soy panadera y mantengo sus costumbres, por ejemplo, rezo al acostarme frente a la foto de la abuela, no como carne los lunes y he dejado el alcohol al cumplir los cincuenta. Con los años he incorporado otros hábitos que no sé si heredarán mis hijos. Ahora acudo al gimnasio, madrugo más, duermo menos y no escucho las noticias. Para ellos, cada día es diferente. Detestan las rutinas, dicen. Nunca rezan, no miran fotos familiares y jamás comen carne. Se sienten libres, pasajeros de un tiempo infinito que consumen mirando pantallas, ensimismados en su libre albedrío.
Es inevitable que se pierdan las buenas costumbres, me digo mientras amaso las hogazas de pan tierno cada madrugada, resignada a que ellos jamás me pregunten por el secreto de la levadura. Cuando me miran de soslayo embadurnada en harina, me hago la tonta y ya no discuto cuando me llaman vieja.
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