Sepa vuestra merced que a mí me llaman Catalina la Panadera porque mi padre, huyendo de la pobreza en la que vivíamos en Maqueda, vino a montar una tahona en esta insigne ciudad de Toledo. Si en el pueblo nos sobraban las miserias, aquí no faltan las malas lenguas que a cada paso nos levantan un caramillo viendo cómo nuestra fortuna crece, pues ya tenemos una casilla propia en la cuesta del río, cerca de las tenerías. Sí, señor juez, ya sé que los cargos son graves, pero daré buenas razones para que acabe este proceso. Nos acusan de acomodar los cuerpos de los reos ahorcados, (el Señor los perdone), en los pasteles de a cuatro. Y yo, en nuestra defensa, digo que habiendo por las calles sabrosos perros, tiernos gatos y ratas hermosas como conejos… ¿para qué habría de perder el tiempo mi padre acechando en las encrucijadas y caminos el quehacer de los verdugos?
No hay comentarios:
Publicar un comentario